martes

2.

Gin se acercó despacito, a su espalda, como si no la viera, pero la veía, claro que la veía. Entre lágrimas, pero la veía, más cerca que nunca.
-E..¿Eres tú?La chiquita se giró, dejando ver unos preciosos ojos marrones, una figura altiva, montada con delicadeza sobre unas vans lilas.- hacía unos meses, Gin habría bromeado con robárselas de tanto que le molaban.
-¡Gin, cuantísimo tiempo!
Ella se encogió, como si hubiese recibido un latigazo por respuesta, en vez de palabras. ¿Que le estaba pasando? Llevaba conectado el mp4, pero escuchó la contestación con mucha claridad. Y sintió que todo su mundo se rompía, y no entendía el por qué.

Tú también lo prometiste fuimos dos, equivocados.

Maldita Nerea, le recordaba lo malo que era el miedo a equivocarse, y ¿sabes qué? Ella tenía miedo. Tenía miedo a darse cuenta de que esa chica que tenía delante, no sintiera lo que un día compartieron.

Yo jamás te olvidaré, de noches sin arte, de abrazos vacios.

-¿Estás bien, Gin?
Absorbió las lágrimas como pudo, y levantó la mirada, para enfrentearse a esos ojos que tanto, tanto le decían.
-Solo... venía ha decirte algo.
-Claro, dime.
-Te... yo...mmm...
Adrienne ladeó la cabeza, no entendía a donde quería llegar, o al menos, no creía que fuese lo que ella necesitaba escuchar.
-Te...
-¡Dilo ya!
-Te echo de menos.
Ginevra se dio la vuelta y echó a correr, por miedo a escuchar la respuesta.
-¡TE QUIERO!
Gin frenó en seco. Se giró despació. Posó una mano en sus labios y susurró un te quiero tan bajito, que supuso que ella no lo escucharía. No sentía el frío en sus manos, ni en su nariz sonrojada. Pero si sintió ese dulce abrazo que las unió de nuevo. Y esas manos, haciendo fuerza para no ser separadas nunca.
Ese siempre, que duraría mucho más.
¿Entiendes? Si, de los que duran para siempre, como los besos más bonitos.
Como los amores más sinceros.

Nunca quise hacerte daño, solo es un infierno sostenido, por el miedo a equivocarnos.

1 comentario:

La chica de las cien mil caras dijo...

Amistad de la que solo se siente.