sábado

Mañana sería otro día.

-¿Sabes? Yo creo que las cosas no van siempre mal, lo vuestro era bien bonito.
-No hables de lo que no sabes, Gin.
-Pero, yo...
-Deja el temita, por favor.
-Vale, perdón.

Esa noche Gin se fue temprano a casa, parecía que el sótano se le caía encima de tanto hablar de relaciones pasadas, y es que, aunque dolía, era lo que ambas necesitaban.
El sofá negro con franjas rosadas seguía bajo la ventana, por esa por la que cada noche se colaba ella para ver a Adrienne. Miles de objetos colocados en estanterías blancuzcas, y las paredes a medio pintar de un lila bien clarito.


-Me voy ya.
-¿Te vas? Apenas son las tres, G.
-Estoy cansada, ha sido un día largo, te veo mañana, ¿sí?
-Mmm... Claro, te veo mañana.
Se abrazaron fuerte y se sonrieron la una a la otra, la ventana se cerró tras de Gin y Adrie pusó el cerrojo para que no se abriera.
Mañana sería otro día.

1 comentario:

Hollie A. Deschanel dijo...

Mañana siempre es otro día...

Beso!